Un tren llamado desidia

Un tren llamado desidia

Por: Gonzalo Ruiz

Fuente: Diario Gestión

Lima es una de las pocas ciudades del mundo altamente pobladas (con más de 10 millones de habitantes) que no cuenta con un sistema de transporte masivo subterráneo.

Madrid, ciudad con solo 3.2 millones, mantiene un sistema de 13 líneas de metro, Seúl (9.8 millones) tiene 17 líneas, Tokio (9.2 millones) cuenta con 13 líneas y Londres (8.8 millones) con 11 líneas. En la región también abundan ejemplos: Buenos Aires comenzó a construir su primer metro en 1911 cuando su población llegaba a los 1.5 millones. Hoy con cerca de 3 millones, la ciudad autónoma de Buenos Aires (la provincia tiene 15 m.h.) cuenta con un sistema de 6 líneas de metro. El mismo número de líneas tiene Santiago, con poco más de 6 millones de habitantes.

La falta de una solución al problema de transporte masivo en Lima ayuda a entender por qué según la CAF, un 25% de los trabajadores limeños, invierte más de 2 horas diarias en trasladarse hasta su trabajo. Con solo una línea de metro en funcionamiento y otra en construcción, la existencia de sistemas como el metropolitano y el deficiente sistema de buses y combis, ofrecen una pobre e ineficiente alternativa para las demandas de servicios públicos de transporte.

Frente a esta dramática realidad, es difícil de explicar la falta de sentido de urgencia de las autoridades. En el año 2010, se aprobó el trazado de la Red Básica del Metro de Lima, con 5 líneas. Posteriormente se modificó e incluyó una sexta línea a partir de los estudios de JICA. La primera línea se concesionó en el 2011 y en el 2014 la línea 2. Sin embargo, la adjudicación de la línea 3, fue postergada para el año 2019 (los estudios estaban listos en 2016), pues se señaló que era necesario un nuevo estudio de demanda y que la obra era muy “cara” dada la estrechez de recursos fiscales. Curiosamente, al mismo tiempo se planteó un tren de Barranca a Ica, paralelo a la Panamericana Sur, cuyo costo se calcula en más de US$5,000 millones.

En la ejecución de proyectos, el avance de la Línea 2 se ha entrampado por exigencias en materia de seguridad sísmica que exceden los estándares internacionales (desconociendo el diseño previsto originalmente, que es superior al de los metros de Santiago y México), por demoras en la entrega de predios y levantamiento de interferencias. Ello ha originado una costosa demanda contra el Estado Peruano en el Ciadi. Adicionalmente, la Autoridad Autónoma del Tren Eléctrico (AATE) a través de opiniones desinformadas sobre el contrato de concesión, desconoce que se haya previsto la construcción de una estación de intercambio entre la línea 1 y 2, a cargo del concesionario de esta última.

Cualquier solución a la problemática de transporte en Lima, frente a su crecimiento desordenado y sin planificación será inevitablemente costosa. Es el precio que debemos pagar frente al abandono sufrido durante décadas. Pese a todo, los costos que enfrentan millones de limeños todos los días y los efectos que ello tiene sobre la competitividad del país son mucho mayores.