Otra vez el mínimo

Otra vez el mínimo

Por: Elmer Cuba

Fuente: Diario Gestión

Fecha: 08 – 05 – 2019

Para un trabajador formal que gana el mínimo, por supuesto que más es mejor. Para los trabajadores informales e independientes en los segmentos de baja productividad dentro de servicios y comercio, intensivos en mano de obra, el aumento significa un alejamiento de la probabilidad de ser empleados formales.

Para el público en general dependerá de su imagen mental sobre lo que es una remuneración justa. Por empatía, se puede pensar que el mínimo es muy bajo y que debería ser más alto. Otros serán presa del famoso “sesgo de disponibilidad”. Es decir, saltan a conclusiones sobre la base de evidencia limitada a su experiencia cotidiana, creen que lo que ven es lo que es.

Por ello, un político siempre tendrá la tentación de aumentar el mínimo para ganar algo de popularidad. De hecho, los últimos tres gobiernos aumentaron el mínimo al terminar los mandatos presidenciales.

Algunos comparan el mínimo en el Perú con otros países, sin tomar en cuenta los diferentes PBI per cápita de los mismos. En el caso peruano, el mínimo es equivalente a la mediana de los ingresos de los trabajadores de las pequeñas empresas, las grandes empleadoras del país.

En el Consejo Nacional de Trabajo (CNT) existen criterios y hasta una fórmula para determinar el incremento de la remuneración mínima. Como quiera que el salario real remunera la productividad del trabajador, un incremento en el salario (nominal) deberá responder a los incrementos de la productividad y a la inflación. Ello, en principio, no genera inercia inflacionaria.

Sin embargo, ¡oh, sorpresa!, la fórmula que usa el CNT no considera la productividad del trabajador, sino la productividad total de factores (PTF). Averiguando el porqué de ese desatino (desaprobado en economía básica), cuenta la historia que con ello se buscaba aumentar más rápido el salario real. En el último quinquenio, la PTF no ha aumentado y el salario mínimo sí. Por ello, bien haría el CNT en tirar la fórmula a donde corresponde.

En teoría básica una remuneración mínima no debería existir. En teorías más sofisticadas debe existir para igualar el poder de negociación entre el empleador y trabajadores jóvenes o poco calificados, pero a condición de que sea realmente un salario mínimo y no la mediana de la distribución de salarios.

Como quiera que el salario mínimo va a existir, debemos diseñar uno que cumpla sus objetivos y no genere distorsiones importantes a los mercados laborales del país. Unos colegas sugieren que haya mínimos por tamaño de empresa (número de trabajadores o ventas). No parece una buena solución para actividades similares en diversos tamaños de compañía. Otros sugieren una diferenciación geográfica, dados los diferentes valores de las canastas de consumo. Esta es –en principio– una buena idea. Pero ponerla en práctica colisiona con el sentido común de los ciudadanos que reclamarán –sin razón– por qué en Lima se pagan mínimos mayores. Políticamente no pasaría el test de popularidad. Propongo una simple: que el mínimo suba con la productividad del decil formal de menores ingresos.