Desarrollo Humano y Desigualdad

Desarrollo Humano y Desigualdad

Por: Gonzalo Ruiz

Fuente: Diario Gestión

Fecha: 18 – 12 – 2019

La última edición del Índice de Desarrollo Humano (IDH) ubica al Perú en el puesto 82 de 189 países, por debajo de Colombia y Brasil (79), México (76) y Chile (42). La posición del Perú es mejor que la registrada en el 2018 (puesto 89), manteniendo el avance sostenido registrado desde el 2006, cuando ocupaba el lugar 166.

¿Qué mide el IDH? Básicamente, tres dimensiones del desarrollo: vida larga y saludable, conocimiento y nivel de vida digno. El primero, calculado como la esperanza promedio de vida al nacer, refleja el acceso que tienen los ciudadanos de un país a nutrición y servicios de salud, desde su nacimiento. El segundo, estimado como el promedio de años de educación de los adultos de 25 años, busca representar el acceso que tienen los ciudadanos a educación básica. El tercero, medido por el PBI per cápita, busca capturar el nivel de ingreso promedio de un ciudadano.

Estos resultados positivos esconden tras los promedios grandes asimetrías. Según cifras de un estudio aplicado al Perú por el propio PNUD para el 2019, a nivel regional, Lima casi duplica el IDH registrado por Huancavelica. A nivel distrital, en Lima, el ingreso de una familia que vive en La Molina es el doble del ingreso de una que vive en Ventanilla.

Como los propios informes reconocen, el IDH nos presenta un panorama imperfecto e incompleto de las capacidades de desarrollo de los ciudadanos: no refleja aspectos como la desigualdad o la inseguridad, entre otros. Las desigualdades no pueden medirse en una sola dimensión, a través del ingreso o riqueza, sino que deben incorporar otras variables socioeconómicas. Asimismo, se debe reconocer que conceptos como el bienestar o desigualdad no son estáticos sino que varían con los cambios culturales y generacionales que se vienen enfrentando.

Si bien la mayoría de países ha registrado avances en el IDH mejorando sus indicadores de acceso a servicios básicos, comienza a reconocerse una nueva generación de ‘capacidades aumentadas’, asociadas principalmente a tres tipos de aspiración ciudadana: mayores niveles de educación para adultos, acceso a nuevas tecnologías y mejor nivel de vida de adultos mayores. Una vez que las personas acceden al desarrollo de ciertas capacidades mínimas, sus anhelos y aspiraciones cambian, y la imposibilidad de acceder a estas nuevas ‘capacidades aumentadas’ (en contraste con otros grupos de la sociedad), puede ser fuente de descontento y frustración. Según el Informe, la desigualdad en el acceso de los adultos a estudios superiores, el acceso a servicios de banda ancha fija y esperanza de vida a los 70 años, han aumentado. Esto podría explicar, en parte, las protestas masivas que observamos hoy en varios países de la región. En el caso del Perú, anticiparnos a ello exigirá del diseño de políticas públicas que continúen con los objetivos del cierre de brechas asociadas a capacidades básicas y a la vez recojan oportunamente las nuevas aspiraciones ciudadanas dictadas por el cambio tecnológico, generacional y cultural.