ArtículosMarzo 30, 2022por admin0La necesidad de recuperar nuestras pensiones

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Katherine Sánchez, economista de Macroconsult

Esta semana fue el plazo máximo para el inicio de clases en el país.  Ello marca un hito en el proceso que han tenido los niños, niñas y adolescentes para su desarrollo durante la pandemia. Desde el inicio de la misma, diversas investigadoras e investigadores, advertían sobre las consecuencias que podrían tener las medidas adoptadas para frenar la pandemia sobre este grupo particular de la población en el desarrollo del capital humano del país. Si bien estos impactos podrán verse aun en el largo plazo, algunos datos relacionados al bienestar de la niñez y adolescencia pueden ser analizados.

Además de indicadores de educación, un tema importante y que suele tener limitaciones con relación a los datos, corresponde a la violencia contra niñas, niños y adolescentes. La situación pre pandemia ya mostraba cifras preocupantes. De acuerdo con la ENARES 2019, el 39% de niños y niñas de 9 a 11 años habría sido víctima de violencia psicológica durante el año previo y el 53% habría sufrido violencia física alguna vez. Con relación a adolescentes de 14 a 17, el 41% habría sido víctima de violencia física o psicológica en el entorno familiar.

De acuerdo con la ENDES 2020, realizada durante la pandemia, entre el 8% y 9% de padres y madres corrigió a sus hijas(os), de entre 1 a 5 años, a través de golpes o castigos físicos. Esta proporción se eleva a alrededor del 16% en los grupos más pobres y con menor nivel educativo. Adicional a ello, el 20% de mujeres considera necesario el castigo físico para educar a sus hijas e hijos. Finalmente, con relación a la exposición a la violencia, el 33% de mujeres declararon la presencia de sus hijas(os) menores de 5 años mientras eran maltratadas.

De acuerdo con un estudio reciente sobre el impacto del COVID 19 en la violencia familiar (Hernández W. y otros, 2022), se menciona una tendencia a la baja con relación a las llamadas de niños, niñas y adolescentes víctimas de algún tipo de violencia a la Línea 100 del MIMP; sin embargo, esto no implicaría que se haya reducido la violencia durante la cuarentena. Tal como se menciona en el estudio, lo que podría estar sucediendo es una menor capacidad de agencia de los niños, niñas y adolescentes para poder realizar este tipo de llamadas.

La exposición a la violencia de esta población ya sea de manera directa o indirecta, tiene impactos negativos tanto en el ámbito físico como psicológico, afectando también futuras relaciones interpersonales. Tomando en cuenta estos impactos de largo plazo, junto con la pérdida de los aprendizajes y el deterioro de la salud física, el bienestar de esta población en particular está quedando fuertemente afectado.

Para poder hacer frente a los impactos negativos de la niñez y adolescencia producto de la pandemia, será necesaria la articulación a nivel intersectorial, tomando en cuenta respuestas relacionadas a la salud, educación, nutrición, sistemas de seguridad y protección que funcionen y se adecúen a las necesidades particulares de esta población.

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